lunes, 19 de octubre de 2015

Rebelión

"Cuando dejas de perseguir tus sueños, ellos te persiguen a ti con rostro de la frustración" Cassandra Rock



Lo que en principio debía ser un día como cualquier otro, se convirtió en una pesadilla para muchos padres. Un día en que, a pesar del desenlace y los años, nunca podremos olvidar.

No recuerdo en que es lo que estaba haciendo en ese momento, pero lo que dijeron por la televisión hizo que perdiese todo interés por lo que me rodeaba..


“(Presentador)
Sentimos interrumpir la emisión pero hemos recibido una noticia de ultima hora. Al parecer un extraño fenómeno está ocurriendo en la pequeña población de Liberty”

Fue escuchar el nombre de mi ciudad y dejar que mi atención se centrara completamente en las imágenes del colegio donde estudiaban mis hijos. Sentada sobre el sofá rezaba en silencio para que mis hijos no estuvieran sufriendo ningún daño.

“Presentador:
Nuestra compañera Gloria se ha desplazado al lugar de los hechos. Conectamos con ella.

—Gloria, ¿Qué es lo que está sucediendo?
—Buenos días Ignacio. De momento apenas tenemos datos concretos, sólo podemos decir que los niños no han sufrido ningún daño, pero desconocemos que es lo que esta sucediendo realmente. Los pocos datos que disponemos son de un profesor que se ha escapado. “

Me levante y agarré con rapidez el abrigo y las llaves del coche, ni me di cuenta de que dejaba el televisor encendido hasta que…

“—Señores espectadores, la policía nos acaba de solicitar que por favor, insisto, que por favor no se acerque ningún padre a la escuela por la seguridad de los menores. Recuerden, es muy importante que permanezcan lo más alejados del lugar para evitar cualquier incidente que ponga en peligro la seguridad de los menores.
—De acuerdo Gloria. ¿Pero nos puedes explicar que es lo que está pasando?

La presentadora resopla.

—Lo siento Ignacio, pero es que yo apenas me lo puedo creer.

(Presentador).
—Interrumpimos la retransmisión..... Mis compañeros me informan de que disponemos de un video en el cual el profesor habla del extraño fenómeno que ataca desde hace un par de horas a esta escuela.”

No podía parar de temblar, me dolía el estómago, estaba tan ansiosa por escuchar lo que decía el profesor que ni me percaté de que llevaba aún el abrigo puesto y empezaba a sudar.

“(Presentador)
 —Queridos espectadores, el video que van a poder ver a continuación contiene declaraciones en exclusiva del maestro de la escuela, rogamos que si hay menores a su lado no lo vean, puede herir su sensibilidad”

De forma inconsciente busqué a mis hijos por la sala. Entonces me percaté de que el motivo por el cual estaba allí era porque ellos estaban en esa escuela. Estaba furiosa conmigo misma, deseaba ir al colegio y entrar a buscar a mis hijos, pero al mismo tiempo, me daba miedo que esa situación pudiera poner en peligro sus vidas. Si les pasara algo, no me lo podría perdonar.

“(Grabación)

Buenos días señor Gallardo. Usted es profesor de matemáticas en la escuela, ¿nos podría explicar lo que esta sucediendo?

—Dios mío, ha sido horrible.

—Por favor, diríjase a la cámara tal y como le explicado antes y, repita todo lo que me ha dicho.¿De acuerdo?

—Si, si—Se frota la frente y respira hondo— Eran las 12 y cuarto, aproximadamente, cuando estaba en clase enseñando a mis alumnos a resolver ecuaciones de segundo grado —Garraspea—Estaba escribiendo unos problemas en la pizarra para que ellos lo resolviesen cuando.. el excesivo silencio reinante en la clase, me ha hecho sospechar que algo sucedía. Ya me entiende, lo niños cuando no hacen ruido, es que hacen algo que no deben”

¡Maldita sea, habla de una vez! Exclamé con los puños cerrados, como si pudiera intimidarle desde mi propia casa.

“—¿Y qué vio?
—En principio no me pareció nada raro. Todos mis alumnos estaban con lápiz en mano escribiendo sobre sus libretas, pero cuando me acerqué a uno de ellos vi que no copiaba las ecuaciones, sino que estaba haciendo un dibujo. Eso hizo que me enfadase mucho y le pregunté al niño por qué hacía un dibujo en mi clase, que eso no era la clase de plástica; me respondió que esa no era su intención, que el lápiz no le dejaba hacer otra cosa. Si le he de ser sincero, el dibujo era espectacular, un árbol extremadamente detallado para un niño de su edad, pero, a pesar de eso, levanté la cabeza y en voz alta pregunté a los demás chicos si había alguno que se sentía obligado por el lápiz a hacer dibujitos. Mi sorpresa fue cuando el resto de los alumnos me contestaron que a ellos también les pasaba. Me quedé de piedra. Le juro que pensé que era una broma que habían planeado la clase entera. Con rabia cogí el lápiz de uno de ellos y lo partí furioso mientras les decía que no estaba para bromas o les castigaría a hacer una hora más de clase, me giré hacia la pizarra con el dibujo en la mano, cuando un grito de uno de los niños hizo que me volviera hacia ellos y entonces los vi….
—Por favor, señor Gallardo, relájese y cuéntenos el resto.
—Los lápices parecían tener vida propia, se apartaron de las manos de los niños y se dirigieron hacia mi a toda velocidad con sus puntas perfectamente afiladas, seguidos de los bolígrafos. Se pararon a apenas unos centímetros de mi cara y entonces una lluvia de gomas de borrar hizo que saliese corriendo de la clase. ¡Meeec! Perdón, no debía haber dicho eso, temía por mi vida ¡entiéndanlo!”

Lo juro, por un segundo pensé que era una broma del canal de televisión, una broma de muy mal gusto, pero lo que vi a continuación hizo que se retirase inmediatamente ese pensamiento de mi cabeza.

“Presentador:
—Gloria, ¿Esto que nos está contando es cierto? Por que a mi me parece de lo más inverosímil.
—Mira Ignacio, el profesor Gallardo nos ha dejado el dibujo de su alumno. Sólo tiene 7 años y ha dibujado un árbol que ni siquiera se encuentra en nuestro continente.
—Impresionante. ¿Qué ha dicho la policía al respecto?
—La policía insiste en que mantengamos la calma. Un agente nos ha informado que están vigilando el interior de las aulas y todo parece de lo más normal. Los niños se encuentran bien, sentados en sus mesas, sólo temen por la vida de los profesores que están rodeados de lapiceros, bolígrafos e incluso, las gomas de borrar y las tizas les tienen amenazados. Pero por ahora no han dado más detalles. Lo único que te puedo decir es que ha venido varios furgones de las fuerzas de asalto; suponemos que a la espera de poder encontrar una solución a esta extraña situación.”


Mientras tanto, en el interior de una de las clases…

—Niños, no os mováis. Todo irá bien.

La señorita de los alumnos más pequeños, Carmela, los abrazaba intentando darles un poco de tranquilidad mientras cientos de lapiceros  de colores y demás artilugios para escribir estaban frente a ellos, observando cada uno de sus movimientos. Carmela no sabía cuantos minutos habían pasado, pero se le hicieron eternos hasta que vio como se unieron entre ellos formando una figura antropomorfa. Se desplazaba con movimientos rápidos  y a los pocos minutos, salió de la clase dejándola con la boca abierta y muy asustada.

La figura se movió con rapidez por los pasillos de la escuela en dirección al despacho del director del centro. Este se había escondido tras un armario archivador, como si de alguna forma supiese que lo estaban buscando. Encogido, temblando de miedo, aguardaba con resignación su final . Sin ningún tipo de miramiento, la figura entró rompiendo la puerta con los brazos llenando el suelo de astillas de madera. Miró la sala y al no verlo lo llamó por su nombre.

—¡Carlitos!, sal de dónde estés.
—No, no quiero, me vais a matar, lo se—Respondió el director.

La figura ladeó la cabeza sorprendida.

—No queremos matarte, hemos venido a buscarte. ¿O es que ya no recuerdas la promesa que nos hiciste cuando eras un niño?
—¿Qué promesa? Yo no recuerdo ninguna promesa.

Por supuesto que la recordaba, pero tenía tanto miedo a salir que no pudo evitar mentir ante sus amigos de la infancia. Hacía demasiados años de ese día, esa inocencia que le hizo pensar que podía comerse el mundo con sus dibujos. Recordaba perfectamente esa tarde en la que en voz alta, de pie sobre la silla de su habitación y con las manos repletas de lápices de colores, dijo en voz alta:

—¡Prometo que siempre dibujaré con vosotros en mis manos y si algún día dejo de hacerlo, venid a buscarme!

Habían pasado los años y demasiadas veces se había arrepentido de su decisión. Recordó las palabras de su padre: ”Los sueños no te van a dar de comer, deja esas tonterías de dibujar y estudia algo que tenga futuro”. Él asintió sin rechistar y estudió dos años de económicas para dejarlo y dedicarse a la enseñanza. Pensó que era la mejor forma de estar cerca de su verdadera pasión, dibujar. Pero siempre tenía miedo de dejarlo todo por ese sueño. Con el tiempo, perdió la esperanza y solo le consolaba el estar rodeado de niños, al principio coló algún que otro dibujo suyo haciéndolo pasar por el de un alumno aventajado, pero la rutina y la desidia hicieron que pronto dejase de hacerlo y acabó convirtiéndose en el huraño y aburrido director Carlos Cabrera.

—No tienes escapatoria. Sabemos que quieres venir con nosotros.
—No puedo —Respondió.
—¿No puedes o no quieres? Si realmente no quieres, nos iremos sin hacer ruido. Tu elijes Carlitos, pero sabes que si elijes mal, el dolor te consumirá.
—Lo se, pero, yo no…. —Balbuceó— Yo tengo miedo

La figura se acercó al armario archivador y lo retiró con cuidado de no hacer daño al director.

—Ven con nosotros—Le dijo acercando una mano construida con lápices de colores.

Carlitos sonrió, volvía a ser un niño y dejó que la figura lo ayudase a levantarse. Una vez frente a ella, asintió con la cabeza y ambos se marcharon desapareciendo entre los pasillos del colegio.



“(Presentador)
—Señores espectadores, noticias de última hora. En directo con nuestra compañera Gloria desde la ciudad de Liberty, en el colegio que ha estado atacado por un extraño suceso. Adelante Gloria.

—Hola Ignacio. Como pueden ver a mis espaldas, la policía ha liberado a los alumnos y profesores que estaban retenidos.
—¿Qué ha pasado Gloria?
—La policía no se lo explica, de pronto los lapiceros, bolígrafos y demás útiles usados en la escuela para dibujar o escribir están esparcidos por los suelos y son totalmente inofensivos. Sólo nos han informado de la desaparición del director del centro, Carlos Cabrera. En breve podrán ver la foto de él. La policía va a facilitar un teléfono de atención al ciudadano para que puedan informar si alguien lo ve.
—¿Y los niños?
—Los docentes se disponen a llamar a los padres para que vengan a buscar a sus hijos. Insistimos, no hay nadie herido ni ningún niño presenta ninguna herida, tan sólo un pequeño susto.
—Muchas gracias Gloria. Señores espectadores, hoy es un día especial para todos, nuestros hijos están sanos y salvos, aunque nunca podamos explicar que es lo que realmente ha sucedido, al menos estamos tranquilos. Buenas tardes”

El teléfono sonó, al descolgarlo, escuché la voz de la maestra de mis pequeños, nunca me había alegrado tanto de escuchar la voz de esa mujer y a pesar de que no podía parar de llorar, le dije que ahora iba a buscarlos. Camino a la escuela recordé la foto del director, Carlos Cabrera, al principio no lo reconocí, habían pasado muchos años, pero recuerdo perfectamente a ese niño, a Carlitos y como me dibujó con tan solo 5 años. Mis padres llamarón a los suyos para felicitarlos por el magnífico retrato que me hizo, demasiado bueno para un niño de tan corta edad, pero sus padres se enfadaron mucho y se que le castigaron tirándole todos sus lápices de colores a la basura. Pobre Carlitos, pensé.

 Entonces les vi, mientras salía del coche, sus caritas sonriendo venían hacia mi con los brazos abiertos.

—Mamá ya está aquí con vosotros—Les dije mientras los abrazaba con todas mis fuerzas.






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martes, 2 de septiembre de 2014

El agujero de limón

Un domingo cualquiera, Alicia y Julia se reunieron. Hacía ya dos años que no se veían y tras los saludos iniciales, se sentaron en el sofá del comedor dispuestas a recordar viejos momentos y explicarse novedades. Sin darse cuenta, habían pasado un buen rato rememorando recuerdos y actualizando sus vidas, hasta que Alicia se levanto y le pregunto a Julia:

-¿Te apetece un te?

-Vale, -contestó Julia- pero que sea especial, de esos que me comentaste el otro día por teléfono-le dijo guiñándole el ojo.

Tras las explicaciones de Alicia y comprobar con sus propios ojos los resultados, Julia estaba intrigada por conocer el sabor de esos maravillosos tés que habían hecho que Alicia perdiese tanto peso. Ambas amigas se dirigieron a la cocina y como si de un pequeño tesoro se tratase, Alicia le mostro el envase que contenía el concentrado adelgazante.

-Tan solo una cucharada en agua fría y listo.

Como si fuera un ritual, Alicia deposito en un vaso una pequeña cantidad de té en polvo que se mezclo instantáneamente en el agua, haciendo que esta última adquiriese un color marrón claro. Se volvieron a sentar en el sofá y antes de que Julia pudiera probarlo, Alicia le advirtió que si no le gustaba, podría añadirle un poco de limón.

Julia arrugo la nariz tras dar un pequeño trago y sus ojos se cerraron con una mueca de desaprovación.

-Ahora vengo.-Dijo Alicia mientras le cogía el vaso.

A los pocos minutos se lo devolvió afirmando que le había añadido un poco de limón. Julia, totalmente entregada a descubrir el nuevo sabor, dió un largo sorbo al líquido.

-¡Esta my ácido! -Exclamó Julia arrugando nuevamente la cara.

En apenas unos segundos y a causa de la extremada acidez, se levantó del sofá tosiendo, se empezó a retorcer de dolor, pero lo peor estaba por llegar; su rostro se contrajo mostrando una mueca horrible, sus ojos se hundieron rápidamente, su boca había desaparecido y la nariz fue desapareciendo lentamente en lo que antes era su cara. Sus dedos se fueron encogiendo, después su manos y al final sus brazos se contrajeron hacia sus hombros desapareciendo. El mismo final sufrieron sus pies y piernas, que empezaron a elevarse haciendo que cayera al suelo. Mientras esto sucedía su piel se encogía mostrando la forma de sus huesos. La cabeza también desapareció entre sus hombros y sólo quedó su torso sobre el suelo. A los pocos segundo este se doblo sobre sí mismo hasta quedar una masa de color carne debajo de una capa de ropa.

-¡Antonio! ¡Antonio! -Grito desesperadamente Alicia- ¡Dios mio! ¡¡¡Antonio, creo que Julia se esta colapsando!!!!

-¿Pero que le has dado? -Pregunta un horrorizado Antonio.

-Sólo le he preparado una taza de té y le puesto medio limón.-Le contesta Alicia- Pero.. creo que el limón... era demasiado grande.. -Balbuceó.

Sobrecogidos unieron sus manos mientras contemplaban como poco a poco, lo que quedaba de su amiga se estaba haciendo cada vez más pequeña, Apartaron la ropa que la cubría con los pies, con cuidado de no chafarla. Lo que antes fue su cuerpo ahora era una bola de color blanco que a medida que se encogía,  empezaba a generar una enorme cantidad de energía invisible pero perceptible por los sentidos. Fue cambiando de color, del blanco a un rojo intenso y por fin se volvió de color negro. Cuando esto sucedió la casa empezó a temblar, los objetos cayeron al suelo rompiéndose en mil pedazos, Antonio y Alicia a punto estuvieron de perder el equilibrio e incluso fueron arrastrados hasta la puerta por la energía que desprendía la cada vez más pequeña Julia. Alicia contemplaba la escena con horror "tan sólo le he puesto medio limón" pensaba mientras su pareja le grito:

-¡Corre!

Huyeron despavoridos de la casa. Corrieron sin parar hasta el coche, subieron y arrancaron dejando tras de si un rastro de humo, abandonando a su suerte a la pobre criatura que seguía en el interior de la casa, rodeada del caos, reduciéndose, colapsándose. El final estaba cerca, pero antes de llegar a la masa crítica, la cantidad de energía que siguió generando fue tan intensa que provoco un enorme agujero en una de las paredes del comedor, dejando entrar el viento, que la arrastro hacia el exterior. Una vez allí llego el momento, se produjo una devastadora explosión que destruyo por completo la casa y gran parte de la urbanización, a los pocos segundos toda esa energía volvió al interior de la bolita que lo había provocado, dejando un enorme cráter y justo en medio una pequeña masa oscura. Julia ya no era humana, ahora era un agujero negro. Furiosa por su nueva condición emprendió un viaje a través del mundo en busca de venganza contra los limones.

Apenas perceptible para el ojo humano, ese agujero negro conocido anteriormente como Julia, empezó a viajar por el mundo llevado por las corrientes de aire hacia lugares, en los que, como humana nunca antes había visitado, reinando el caos entre granizados y sorbetes de limón.

Las autoridades sanitarias, conocedoras del desastre y en un intento de evitar que se sembrase el pánico entre la población, obligaron a los fabricantes de limonadas y derivados a poner azúcar en todos sus productos finales para evitar que esta historia llegase a la opinión pública.








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